El cocinero, las uvas y las togas PDF Imprimir E-Mail

En estos tiempos de crisis final del Imperialismo global y pobreza generalizada se observa el crecimiento y promoción desde el poder económico de multitud de ideologías mágicas que tratan de alejar a las masas del método científico como camino para resolver de raíz los urgentes problemas que les aquejan; por ello cobra importancia recordar de manera creativa a Galileo Galilei fundador de la ciencia en el año internacional de la astronomía

 

«Miles de veces he observado atentamente las vibraciones, de modo especial las de las lámparas que en ciertas iglesias cuelgan de cuerdas larguísimas y que, inadvertidamente, ha puesto alguno en movimiento». Galileo Galilei (respecto al péndulo).
Según sus propias palabras era curioso por naturaleza. Nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. De joven era un muchacho pelirrojo, robusto, fuerte y de altura algo superior a la media. De carácter extrovertido, alegre y de temperamento fácilmente irritable. Bromista a más no poder, en no pocas ocasiones a lo largo de su vida dirigió sus baterías sobre figuras de autoridad. En su juventud compuso versos de amor y aún en la madurez escribía obras de teatro para representar con sus amigos o para que sus dos hijas, Celeste y Arcangela se entretuvieran en el convento de San Matteo en compañía de otras monjas. Los que lo conocieron lo consideraban un individuo perseverante, práctico, intuitivo, con capacidad matemática, muy observador y cuidadoso para con los detalles de su trabajo. Desarrolló una gran capacidad para la comunicación, su prosa era excelente y se le consideraba un conversador ameno y expositor magistral con un gran sentido de la teatralidad. Supo granjearse muchas amistades y alguno que otro enemigo, pues aquellos a quienes hería con su afilada lengua quedaban tan dolidos que
rara vez olvidaban la ofensa recibida.

Vincenzio, el padre de Galileo, músico de profesión, escribió en 1578 un libro Diálogo sobre la música antigua y moderna, donde establecía que el estudio de la música debía basarse en la física del sonido, pues ella provenía de las vibraciones del aire y no de conceptos abstractos referidos a números enteros como aseguraba la teoría pitagórica de las proporciones musicales. Durante su juventud, Galileo participó en investigaciones experimentales sobre música y vibraciones de cuerdas. A los once años era tan buen músico como su padre, tocaba excelentemente varios instrumentos y cantaba.
El joven Galileo estudió geometría de Euclides y matemáticas con un amigo de su padre, el matemático e ingeniero Ostilio Ricci. Así se inició para Galileo el contacto incipiente con un mundo que giraba alrededor de problemas prácticos como: evaluar el peso de objetos grandes sin pesarlos, estudiar problemas de balística e hidráulica, resistencia de materiales, laminación y extrusión de metales, etc.

Estudió la carrera de medicina en la Universidad de Pisa, de 1581 a 1585. Durante el año de 1583 descubrió la ley del péndulo «…un péndulo de longitud dada oscila a una frecuencia constante, independientemente de la amplitud de su oscilación». Tenía 21 años cuando hizo pruebas con péndulos de distinta longitud hasta que consiguió diseñar un aparato médico, el pulsilogo, para medir el ritmo y variación del pulso de un paciente, cambiando la longitud de la cuerda. Tan importante fue ese descubrimiento que ¡La Facultad de Medicina se atribuyó el mérito del instrumento! Cuando Galileo solicitó una de cuarenta becas que la Universidad ofrecía para estudiantes pobres, no se la otorgaron argumentando su insolencia e indisciplina hacia los maestros; pero, sobre todo, no se la otorgaron por sus opiniones heterodoxas y anti-aristotélicas. ¡Así que nunca se graduó!...y sin embargo fue profesor universitario, fundador del método experimental. Regresó a Florencia para estudiar con Ostilio Ricci y en 1586 escribe su primer opúsculo original «la Bilanceta» donde describe la construcción de una balanza
hidrostática para determinar las densidades de sólidos. En el prólogo del escrito reconoce en Arquímedes como su modelo y precursor.

Galileo era una persona creativa en múltiples aspectos de su vida: Por ejemplo, desarrolló una técnica interesante relativa a los libros que leía. Acostumbraba no sólo leer los libros sino prepararlos para el trabajo futuro. Subrayaba palabras o líneas de su interés, marcaba con una raya vertical párrafos que contenían información relevante para él, y escribía comentarios al margen del texto para valorar el material leído. Esta conducta, por demás heterodoxa para la época, muestra que para él tanto los libros como los autores no eran sagrados o intocables; en realidad, con ellos establecía un diálogo que simulaba hasta donde es posible un verdadero diálogo entre autor y lector. ¡Galileo reflexionaba sobre lo que leía, no se limitaba a una lectura pasiva en la cual aceptase sin discusión lo que decía la autoridad!
A lo largo de su vida, acostumbró reunirse con amigos cultos para filosofar y dialogar sobre diversos temas; en muchas ocasiones cocinaban y por supuesto bebían vinos que (en la época era más sano que beber agua). ¡Ah!, Galileo producía, en general, el propio vino que consumía en sus viñedos. Alrededor de 1598 se reunía de manera independiente, con dos grandes amigos Gianfrancesco Sagredo y Girolamo Magagnati, con quienes intercambiaba productos alimenticios y recetas culinarias. Junto con Sagredo, Galileo imaginó un artilugio compuesto por imanes el cual debiera permitir hablar a una persona con otra a tres o cuatro kilómetros de distancia. Con Girolamo Magagnati, quien era excelente cocinero, mordaz dramaturgo, poeta burlesco y cristalero de Murano, Galileo daba salida a sus inquietudes artísticas y literarias. Por supuesto platicaban sobre temas técnicos, algunos relacionados con la producción de cristales. Hacia 1609, la relación entre ambos personajes pasa a primer plano por la necesidad de Galileo de proveerse de cristales de Murano sin defectos, los cuales eran de exquisita
transparencia e incoloros, ideales para construir lentes ópticos ideales para la astronomía, ciencia que fundó Galileo con el desarrollo y el uso del telescopio óptico.En la época de Galileo el trabajo artesanal o manual de los siervos era visto con desprecio por las clases dirigentes e intelectuales de Italia. ¿Les suena una campanita en ciertos lugares de nuestro mundo actual dividido en clases donde unos los menos viven sin trabajar; y otros los más cuando tiene suerte trabajan sin vivir? Alrededor de 1623, personajes distinguidos lo visitaron en su villa de Bellosguardo, la cual tenía muchísimas habitaciones,
jardín, huerta con árboles frutales y viñedos, amén de terrenos de cultivo. Los visitantes encontraron a Galileo arreglando su jardín en ropa de faena, y le preguntaron porqué un personaje de su categoría no contrataba a alguien para que hiciera el trabajo manual, a lo cual replicó: «De ninguna manera; entonces me perdería yo ese placer.»

Galileo fue una persona de gran audacia e independencia intelectual. En múltiples ocasiones sus acciones o sus opiniones le trajeron consecuencias negativas. En 1589, ya siendo profesor de la Universidad de Pisa, (sí Pisa donde no terminó sus estudios por irreverente), se opuso al uso de la toga fuera de las instalaciones de la Universidad, como lo ordenaban las autoridades de la misma. Resultado las autoridades le rebajaron el salario.
Además, escribió una parodia rimada (very Hot) ridiculizando el uso del manto negro; la cual, por supuesto, gozó de gran popularidad entre la juventud. ¡Cuando las autoridades se enteraron de que Galileo era el autor de la rima de 300 versos, no le renovaron el contrato de tres años! Pero en las relaciones humanas cuando se nos cierra una puerta, se nos abre otra; lo mismo le sucedió al «discutidor» como apodaban a Galileo. Se vio forzado a buscar apoyo económico resolviendo problemas militares, navales, ingenieriles, etc. a solicitud del cliente. Los recursos económicos generados por estas asesorías le permitieron dedicarse alternativamente al trabajo en problemas aplicados y problemas básicos; y comprarse la hermosa villa de Bellosguardo. El trabajo científico e ingenieril aplicado le generó también multitud de fuertes aliados que jugaron un papel fundamental cuando la Iglesia, como burocracia y poder terrenal, se negó a ver a través del telescopio y trató de aplicarle la misma medicina que a Giordano Bruno.

Jorge Antonio Montemayor Aldrete

 
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