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Página 1 de 2 La dualidad, esa concepción filosófica entre el alma y el cuerpo, tiene nombre y apellido. Se llama Peter Yang. En su vida, y ya son más de 87 años de camino, ha dado de comer al espíritu -todavía reparte a diario la comunión- y al estómago, pues no en vano pasa por ser un pionero, el fundador del primer restaurante chino en Barcelona -Gran Dragón-, y posiblemente en España, hace ahora medio siglo. Aunque las fechas las maneja con cierto descuido, la lista de efemérides señala que el aniversario se cumple este viernes.
Cura y cocinero, el señor Yang celebró misa, a mediodía, como ha hecho en los últimos 43 años en la catedral. Después, con su gorro verde de lana, ligero de piernas y una sonrisa luminosa, se avino a desplazarse hasta la calle Ciutat, al número 5, que hace esquina con Rera de Sant Just. En este callejón, medio vertedero, estaba la puerta del restaurante, hoy reconvertido en estudio de grabación, como una paradoja del destino de este hombre que también pasa por ser el introductor del tai chi zen y que en 1979 fundó el Rincón del Silencio.
"Todo ha cambiado", señala al bajar por la escalera del negocio musical hoy en marcha, cuyo propietario, Álex, abre con amabilidad a los desconocidos. No resulta extraño, porque Peter Yang, nacido en 1921 en Pao Chin, expande un aura de confianza y santidad. Insiste, tal vez por efecto de su sordera, en que "todo ha cambiado". Pero en su memoria conserva el retrato.
"Aquí había una pequeña fuente, ahí la cocina y al fondo la sala. Tenía unas 15 mesas, un aforo de 60 personas y una carta con cien platos". Entre ellos, los rollitos de primavera de tanto éxito. "Venía una familia con un niño al que le tenía que hacer tortilla española. Hasta que un día le di una ensalada con germen de soja y a partir de entonces le gustó la cocina china".
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